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Dehesa de Moncalvillo: UN PASEO DE PRIMAVERA

Domingo 29 de Abril

En la falda del madrileño Cerro de San Pedro y limitada al este por el río Guadalix se extiende la Dehesa de Moncalvillo. La conservación hasta nuestros días de sus 1348 ha se debe a que su propietario, el ayuntamiento de San Agustín de Guadalix, ha respetado durante siglos el compromiso de mantener su integridad, tal como se estableció cuando le fueron donadas estas tierras por quien entonces era su señor.

La mayor parte de Moncalvillo está cubierta por una dehesa de encinas y enebros más o menos aclarada , de acuerdo con el patrón típico de vegetación de la rampa de la Sierra de Guadarrama, en cuya parte más alta algún roble melojo nos anuncia que estamos cerca de la cota donde esta especie tomará el protagonismo.

Logística


  • Iremos una furgoneta de 9 plazas cortesía de Gr Ecoturismo .
  • Pto de encuentro: 

1:Principe Pio salida Paseo de la florida. 9.00 am

2: Plaza de Castilla. 9.20 am. Delante del deposito del Canal de Isabel ii

Vuelta sobre las 6.30 a Madrid.

Precio: 20 € 

NIVEL DE ESFUERZO GR1



Descripción del itinerario
Mas que andar, viendo lo que nos encontramos, vamos a encontrarnos, cuando andamos. Vamos a encontrarnos verde, monte, campo, flores recién salidas tapizando el encinar, jaras, amapolas, retamas. Vamos a entrar a una hora y salir a otra, sin prisas pero sin pausas, para no perdernos nada, algún nido de de cogujada, algún milano por el cielo venido ya de Africa, quizás el sonido de los abejarucos...

Valores naturales.
Lo que hace singular a esta dehesa es el afloramiento en su parte más baja de una franja de rocas calizas, que convierte a Moncalvillo en un mosaico vegetal en el que junto a los austeros encinares-enebrales se encuentran algunos quejigares, que en otoño hacen más patente su presencia a medida que sus hojas adquieren un hermoso color dorado y coscojares, cuyas hojas verde brillante hacen palidecer a las de las encinas con las que se entremezclan. La mayor parte de Moncalvillo está cubierta por una dehesa de encinas y enebros más o menos aclarada , de acuerdo con el patrón típico de vegetación de la rampa de la Sierra de Guadarrama, en cuya parte más alta algún roble melojo nos anuncia que estamos cerca de la cota donde esta especie tomará el protagonismo.


Valores culturales.

La Dehesa de Moncalvillo, ejemplo de libro de lo que es un monte mediterráneo, se encarga de demostrarlo a un tiro de piedra de la capital madrileña. Su historia es la razón de su naturaleza y ésta la motivadora de obras tan singulares como los acueductos tendidos hace siglo y medio para llevar las aguas del Lozoya a una capital de reino que hasta entonces debió contentarse con el ¡Agua va!, un puñado de fuentes públicas y los viajes de los aguadores.

Todo se lo debemos a Pedro González de Mendoza. Este desconocido personaje fue hombre de capital importancia en su tiempo, hace cinco siglos. Además de obispo de Calahorra, era el quinto hijo de Íñigo López de Mendoza, primer marqués de Santillana. 

Conocido como el Gran Cardenal, el mote hizo justicia en este eclesiástico, que ejerció influencia total en los asuntos del clero y de estado, alcanzando gran predicamento sobre los mismísimos Reyes Católicos. Semejantes dedicaciones no le restaron tiempo para tener varios hijos naturales, que legitimó con toda la naturalidad y aceptación de la Corte en la que residía, dicho sea de paso. 

Aparte de todo esto, lo que aquí nos interesa es que recibió como herencia de su padre una de las joyas de la corona del marquesado: la finca de Moncalvillo, notable extensión ganadera donde pastaban importantes rebaños de ganados vacuno, ovino y tal vez porcino. La heredad se extendía entonces por la mayor parte de los actuales municipios de Pedrezuela y San Agustín del Guadalix. La única condición que puso el marqués para transferir la posesión es que se conservara tal cual la donaba.

Mendoza respetó la voluntad de su padre dejando indivisa la propiedad más allá de su muerte. Así permaneció principios del XIX, momento en que la división provincial realizada entonces no hizo caso del testamento del gran marqués, partiéndola entre los dos municipios. Con el paso del tiempo, Pedrezuela dividió el monte comunal entre sus vecinos, perdiéndose la naturaleza y el espíritu de esta parte de la finca. 

No sucedió lo mismo con su vecino, cuyos munícipes tal vez imbuidos por el espíritu de los Santillana, decidieron mantenerla como estaba. Así permaneció incluso en plena burbuja inmobiliaria. La llegada de la crisis fue una bendición para la dehesa, pues cercenó de cuajo más de un proyecto urbanístico que pendía sobre el bendito monte, que así sigue para delicia de excursionistas, ciclistas y paseantes.


Equipo recomendado

A pesar de ser una ruta GR1 es recomendable llevar chaqueta impermeable, botas de montaña o calzado de senderismo, una mochila, comida, crema protectora, agua (1 litros como mínimo), botiquin personal, etc. Aconsejable bastones y un paraguas plegable. Ademas de calzado de recambio para comodidad del personal que pueden dejar en el vehículo.